El dolor se puede distinguir entre dos clases: el dolor físico, que es más o menos el que nos hace el dentista con esos aparatitos, y el dolor vital que es más o menos el que sentimos al pagar al dentista. Decía esto para que la gente pudiera entender más o menos como me siento ahora mismo, y para simplificarlo diré que es como si estuviera pagando las ortodoncias de cuatro o cinco niños a la vez. Y ¿Por qué me siento así? Pues…mi historia es larga y aburrida…
Estaba yo sentada en un bar, con una copa de algo que ni siquiera con el estado de borrachez permanente que llevaba podía beber, cuando de repente entro un chico, parecía un poco mayor que yo, era alto, delgado, tenía el pelo largo, ondulado y rizado, los ojos negros y una nariz respingona que le daba un aire gracioso. Cuando entró me miró el local, después a mi,…y después se fue, lo que me pareció un tanto arrogante. Le dije al camarero que ese era mi novio, y que el pagaría mis copas la próxima vez que viniera; el camarero acepto y yo me fui borracha y con la cartera llena. Cuando salí del antro el chico estaba allí, apoyado en una pared, mirándome más las tetas que los ojos; de repente, se acercó un poco a mi, y yo me quedé quieta, sin saber que hacer. Él siguió acercándose hasta quedar tocando a mi, se quedó un segundo quieto, callado y luego me cogió en brazos y me metió en el asiento delantero de un coche descapotable. El chico se sentó en el lado del conductor, arrancó el coche, y me llevó a un apartamento que debía de ser su casa. Me volvió a coger en brazos, abrió la puerta de la casa, entró, subió unas escaleras y me dejó encima de la mesa de la cocina, yo me quedé sentada sin quejarme mientras él me miraba indiscreto: me miraba como si pudiera ver más de lo que realmente se veía, mirándome,..como si estuviera descubriendo más de mi de lo que me gusta dejar ver. Cuando pareció que ya no tenia más que ver, se me acercó y me besó, una sola vez, como para probar el gusto de mis labios. Me volvió a coger en brazos y me llevó a una cama de matrimonio, me pidió que me echara; él se quitó la camiseta y también se echó. Me dio un beso frío y me dijo que durmiera, que mañana sería un día muy largo, yo ya estaba cansada, y no me preocupé en absoluto al ver que estaba durmiendo en la cama de un chico que no había visto nunca antes…y pensando esto, me dormí. Cuando desperté vi en una silla una camiseta y unos calcetines de chico que no me apetecía ponerme, así que desnuda bajé las escaleras –que encontré fácilmente- y busqué al chico. Lo que vi después me dejó paralizada: El chico estaba en el suelo, en medio de un gran charco de sangre, y en su mano, una nota; la cogí y la leí: “Te he dejado el desayuno preparado, espero que te gusten las creppes”. Asustada cogí mi ropa y salí corriendo de la casa. Por suerte, el chico vivía en el centro del pueblo, así que puede orientarme hasta mi casa. Entré y me dirigí a la habitación para sacarme esa ropa que apestaba a sangre limpia. Cuando llegué a la habitación, encima de la cama encontré una bandeja con unas creppes y un vaso de zumo. Me asusté. Me asusté mucho. Sin atreverme a acercarme a la creppes salí de casa y empecé a correr sin saber donde iba,… no me acuerdo de nada más… sólo de los hombres de blanco arrastrándome hacia la furgoneta…y entonces aparecí aquí. Y ahora, mi dolor, sabe a creppes con caramelo.
Estaba yo sentada en un bar, con una copa de algo que ni siquiera con el estado de borrachez permanente que llevaba podía beber, cuando de repente entro un chico, parecía un poco mayor que yo, era alto, delgado, tenía el pelo largo, ondulado y rizado, los ojos negros y una nariz respingona que le daba un aire gracioso. Cuando entró me miró el local, después a mi,…y después se fue, lo que me pareció un tanto arrogante. Le dije al camarero que ese era mi novio, y que el pagaría mis copas la próxima vez que viniera; el camarero acepto y yo me fui borracha y con la cartera llena. Cuando salí del antro el chico estaba allí, apoyado en una pared, mirándome más las tetas que los ojos; de repente, se acercó un poco a mi, y yo me quedé quieta, sin saber que hacer. Él siguió acercándose hasta quedar tocando a mi, se quedó un segundo quieto, callado y luego me cogió en brazos y me metió en el asiento delantero de un coche descapotable. El chico se sentó en el lado del conductor, arrancó el coche, y me llevó a un apartamento que debía de ser su casa. Me volvió a coger en brazos, abrió la puerta de la casa, entró, subió unas escaleras y me dejó encima de la mesa de la cocina, yo me quedé sentada sin quejarme mientras él me miraba indiscreto: me miraba como si pudiera ver más de lo que realmente se veía, mirándome,..como si estuviera descubriendo más de mi de lo que me gusta dejar ver. Cuando pareció que ya no tenia más que ver, se me acercó y me besó, una sola vez, como para probar el gusto de mis labios. Me volvió a coger en brazos y me llevó a una cama de matrimonio, me pidió que me echara; él se quitó la camiseta y también se echó. Me dio un beso frío y me dijo que durmiera, que mañana sería un día muy largo, yo ya estaba cansada, y no me preocupé en absoluto al ver que estaba durmiendo en la cama de un chico que no había visto nunca antes…y pensando esto, me dormí. Cuando desperté vi en una silla una camiseta y unos calcetines de chico que no me apetecía ponerme, así que desnuda bajé las escaleras –que encontré fácilmente- y busqué al chico. Lo que vi después me dejó paralizada: El chico estaba en el suelo, en medio de un gran charco de sangre, y en su mano, una nota; la cogí y la leí: “Te he dejado el desayuno preparado, espero que te gusten las creppes”. Asustada cogí mi ropa y salí corriendo de la casa. Por suerte, el chico vivía en el centro del pueblo, así que puede orientarme hasta mi casa. Entré y me dirigí a la habitación para sacarme esa ropa que apestaba a sangre limpia. Cuando llegué a la habitación, encima de la cama encontré una bandeja con unas creppes y un vaso de zumo. Me asusté. Me asusté mucho. Sin atreverme a acercarme a la creppes salí de casa y empecé a correr sin saber donde iba,… no me acuerdo de nada más… sólo de los hombres de blanco arrastrándome hacia la furgoneta…y entonces aparecí aquí. Y ahora, mi dolor, sabe a creppes con caramelo.

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