Datos personales

2.9.12

H.


Me ofrezco a ti como sacrificio. Come el corazón que ya arrancaste y empápate de mi sangre durante mi último aliento. Éste es mi último deseo.

Éste es mi único deseo.

Sé que nunca he encontrado el equilibrio, y que sólo me atraen los extremos. Y supongo que lo que ahora tengo y vivo, es lo que yo misma pedí a gritos tantas veces. Así que simplemente me pondré de rodillas, y aceptaré lo que me viene y vendrá. Así que aquí estoy. Tómame y mátame.

Deja que me pudra en ti.

10.3.09

Bendita inspiración

Mi nena, mi diosa, dame lo que me gusta.
Sácatelo todo y deja que me pierda en ti
Eres mía y solo mía, nadie te tratará tan bien como yo.
Ensúciame! Quiero que me busques, que me hagas tuya, que me contagies...quiero enfermar de ti! Vuélveme loca.
Ensúciame, guarra.
Dámelo, dámelo, sabes que me gusta!

Creppes con Caramelo

El dolor se puede distinguir entre dos clases: el dolor físico, que es más o menos el que nos hace el dentista con esos aparatitos, y el dolor vital que es más o menos el que sentimos al pagar al dentista. Decía esto para que la gente pudiera entender más o menos como me siento ahora mismo, y para simplificarlo diré que es como si estuviera pagando las ortodoncias de cuatro o cinco niños a la vez. Y ¿Por qué me siento así? Pues…mi historia es larga y aburrida…

Estaba yo sentada en un bar, con una copa de algo que ni siquiera con el estado de borrachez permanente que llevaba podía beber, cuando de repente entro un chico, parecía un poco mayor que yo, era alto, delgado, tenía el pelo largo, ondulado y rizado, los ojos negros y una nariz respingona que le daba un aire gracioso. Cuando entró me miró el local, después a mi,…y después se fue, lo que me pareció un tanto arrogante. Le dije al camarero que ese era mi novio, y que el pagaría mis copas la próxima vez que viniera; el camarero acepto y yo me fui borracha y con la cartera llena. Cuando salí del antro el chico estaba allí, apoyado en una pared, mirándome más las tetas que los ojos; de repente, se acercó un poco a mi, y yo me quedé quieta, sin saber que hacer. Él siguió acercándose hasta quedar tocando a mi, se quedó un segundo quieto, callado y luego me cogió en brazos y me metió en el asiento delantero de un coche descapotable. El chico se sentó en el lado del conductor, arrancó el coche, y me llevó a un apartamento que debía de ser su casa. Me volvió a coger en brazos, abrió la puerta de la casa, entró, subió unas escaleras y me dejó encima de la mesa de la cocina, yo me quedé sentada sin quejarme mientras él me miraba indiscreto: me miraba como si pudiera ver más de lo que realmente se veía, mirándome,..como si estuviera descubriendo más de mi de lo que me gusta dejar ver. Cuando pareció que ya no tenia más que ver, se me acercó y me besó, una sola vez, como para probar el gusto de mis labios. Me volvió a coger en brazos y me llevó a una cama de matrimonio, me pidió que me echara; él se quitó la camiseta y también se echó. Me dio un beso frío y me dijo que durmiera, que mañana sería un día muy largo, yo ya estaba cansada, y no me preocupé en absoluto al ver que estaba durmiendo en la cama de un chico que no había visto nunca antes…y pensando esto, me dormí. Cuando desperté vi en una silla una camiseta y unos calcetines de chico que no me apetecía ponerme, así que desnuda bajé las escaleras –que encontré fácilmente- y busqué al chico. Lo que vi después me dejó paralizada: El chico estaba en el suelo, en medio de un gran charco de sangre, y en su mano, una nota; la cogí y la leí: “Te he dejado el desayuno preparado, espero que te gusten las creppes”. Asustada cogí mi ropa y salí corriendo de la casa. Por suerte, el chico vivía en el centro del pueblo, así que puede orientarme hasta mi casa. Entré y me dirigí a la habitación para sacarme esa ropa que apestaba a sangre limpia. Cuando llegué a la habitación, encima de la cama encontré una bandeja con unas creppes y un vaso de zumo. Me asusté. Me asusté mucho. Sin atreverme a acercarme a la creppes salí de casa y empecé a correr sin saber donde iba,… no me acuerdo de nada más… sólo de los hombres de blanco arrastrándome hacia la furgoneta…y entonces aparecí aquí. Y ahora, mi dolor, sabe a creppes con caramelo.

Milette de mis amores

Milette estaba sentada en el sofá, cruzada de piernas, tapándose con esa de Snoopy que había robado en el mercadillo. Tenía la vista fija en la manta botella de vodka barato que, de tan malo, no podía tragarse ni en el estado de semi-embriaguez que llevaba encima des de la noche anterior. Milette era una chica difícil de entender y fácil de llevar a la cama. Mentía, fingía, engañaba, enamoraba y ni siquiera se daba cuenta; estaba ya acostumbrada a echar sin remordimientos a hombres sin cara ni nombre de su cama por las mañanas. Pero esta vez, había sido distinto.

Se había despertado tarde, sola, desnuda, desorientada y con resaca, como siempre; pero lo que no fue como siempre es lo que vió después: se levantó de la cama, encendió el reproductor de cd’s que había en su habitación, subió la música, la subió más, más,… y cuando oyó unos golpes de escoba en la pared paró, salió de la habitación y justo al salir se encontró con un chico que aparentaba tener un par de años más que ella, vestido sólo con unos tejanos gastados, sujetando un par de tazas humeantes que desprendían un olor maravilloso. La primera reacción de Milette fue la de taparse con las sabanas, que estaban tiradas por el suelo, y la segunda, fue hacer unos pasos atrás y apuntarle amenazante con un bote de desodorante que cogió del tocador. Al verla decidida a usarlo sin pensárselo, el chico levantó los brazos, en son de paz, aún con las tazas en la mano. Milette bajó el desodorante, sin dejar de taparse con esas sábanas de un color rojo transparente que no dejaba mucho a la imaginación. Él sonrió y acercó una de las tazas a Milette, que la tomó avergonzada. Ella se sentó en la cama y se bebió el café en un segundo, él en cambio, se quedó en el mismo sitio, observando como ella se lo bebía, agradecida y asustada a la vez. Cuando se acabó el café, dejó la taza vacía en la mesita de noche, miró al chico y le preguntó tranquila: -¿Quién eres?

-Paul Magten, te llevé a casa ayer por la noche, más o menos cuando empezaste a contarle al chico que trabaja en la taquilla del cine gay cuanto te ponen los cruasanes de chocolate de la tienda de aquí al lado; ¡por cierto!, te he comprado unos cuantos de esos cruasanes.-dijo él, con una amplia sonrisa dibujada en la cara.

Ella necesitó unos segundos aún para asimilar toda esa información y decidir que tenía que, definitivamente, dejar la bebida –y también los cruasanes-.

27.5.08

La noche esta muy fría

-La noche está muy fría- Musitó el chico.
-Lo sé- Contesto la chica.
-¿Te queda algún cigarillo?- Preguntó el chico
-Supongo- Contestó en un suspiro.
-¿Donde los tienes?-
-En el bolso, creo-
-¿Y donde esta tu bolso?- Preguntó, ya nervioso
-Déjalo, ahora te lo traigo-
-Gracias cariño, te espero en la cama-

24.5.08

Vodka

Todo estaba frío, me helaba. Cada rincón de esa maldita habitación me hacía estremecer. Cada diminuta porción de esa maldita habitación me recordaba a ti, a cuanto te quería.

Me senté encima de la cama, esa cama blanda y vieja, esa cama que tanto ruído hacia a cada pequeño movimiento, y me bebí mi café. El quinto esa noche. No quería dormir, no me apetecía dar rienda suelta a mi imaginación, no quería que mi subconsciente me dijera a mí misma lo que llevo horas intentando negar y olvidar, lo que llevaba siglos gritando, suspirando, diciendo, cantando y susurrando: Te quiero.
Otro café, esta vez sin azúcar, pero con vodka. Era el único alcohol que tenía lugar en esa vieja casa, así que lo cogí y me serví. Vodka, siempre vodka. Siempre bebíamos vodka, siempre me despertaba por la mañana con ese maravilloso vaso de zumo de naranja con vodka. Heché un trago de la taza, sabía a vodka, solo a vodka. Eso me hizo recordar ese día que casi te tiré la botella entera encima, te acuerdas? Que torpe soy…
Me volví a sentar en la cama e intenté acabarme el café. Sin siquiera darme cuenta, fijé la vista en ese papel colgado en una de las paredes amarillentas: era un cuento, me lo escribiste tú, estaba en inglés, en tu propio inglés. Me lo escribiste cuando me querías, cuando no te olvidabas de mi solo en ver una niñita mover su minifalda.
Me fuy de la cama, y me senté en el suelo –allí al menos no tenía la tentación de dormir-. Sentada en el frío mármol, me acordé de un par de noches que pasamos allí, cuando empezamos,… mis propios recuerdos me la jugaban, así que salí al balcón, hacía frío, y me fumé el último cigarillo de uno de los paquetes de esa marca cara que compramos en Dublín.

15.5.08

Vodka and Orange Juice

The whole house smelled like her, like her essence. Every part of the house I could go to made me remmember about her: every corner, every little space, every wall,… was stained of her essence. I went to the kitchen: I had to prepare something to eat, I hadn’t eatten anything in three days, and even if I wasn’t hungry, I knew I had to eat. I prepared toasts and orange juice, but I had no grip to eat …so I entertained myself breaking the toasts in small pieces and uncounscously writing something like your name with them. I realised about what I was doing, and knew it wasn’t good, “I don’t love her! I don’t!” I tried to say to myself, but it was useless, so I throw the dish away and it felt in the floor, leaving in it lots of crumbs in chaos that formed the shape of your slim, your essence. Already tired of myself, I tried to drink the orange juice, but it was to soft for the momment, so I added it some vodka. Vodka, the vodka you drunk these night. We two drunk too much, but I can remmember nearly everything.